martes, septiembre 27, 2011

Turno...

Siempre pensé que había que estudiar lo que amabas, y que una vez que ya lo hiciste,

serías absolutamente feliz, debido que amas lo que haces. Una vez titulado y con mis experiencias de trabajo, descubrí que por más amor que tenga por mi profesión, igual

habrá momentos en que lo odiaré.

Descubrí, tal vez, que es como todas las circunstancias de la vida, de dulce y agraz. Realmente lo detestable de mi trabajo es, cuando aparecen pacientes y donantes que son un verdadero “cacho”, personas pesadas, antipáticas o simplemente molestosas. Es en esos momentos que odio lo que hago, odio tener que soportarlos y odio tener que ponerles la cara de felicidad para que se vayan contentos y no reclamen. Afortunadamente para mi, cuando llego a esas instancias, la vida se encarga de traer frente a mi el lado positivo, el lado ameno y que engrandece el alma de tal manera, que cualquier cansancio físico y mental queda en segundo plano.

Hoy, en medio de un estrés administrativo, me entero que tengo que atender a una paciente que esta muy mal, espero su llegada, pensando que me retrasará en mis otras actividades (pensamiento muy egoísta de mi parte). Llega la paciente y su aspecto denota tal deterioro que un simple soplido podría derribarla. Ante esa experiencia, lo siguiente que pienso es, será complicado atenderla (efectivamente lo fue, todo salía mal con ella)

, lo peor fue verla llorar a mares, ahogada en su propio mar de desastres y yo ,que en mi vida tengo muchas cosas resueltas y no sufro mayores problemas, me quedo parado sin mucho que hacer.

Luego de tantas problemáticas suscitadas por la paciente, en un momento en que ya logro desarmar la madeja de enredos. La paciente llora y le tomo el brazo, con todo el amor que jamás pensé que poseía y le digo “tranquila, todo mejorará, no desespere, para que su tratamiento sea todo un éxito, estaré aquí para apoyarla mientras dure el proceso…”

En ese preciso momento, recibo el regalo más grande del mundo, aquella persona con todos sus problemas y penas, casi al borde del precipicio (o ya en el fondo de él) me regala la más hermosa sonrisa!.


No hay que subestimar el poder que una sonrisa entrega, hay que enfrentar la vida con mucha alegría, solo de esa forma saldremos delante de la mejor forma posible. Son las enseñanzas que la vida te recuerda, para cuando las hemos olvidado y enterrado en lo más profundo de uno…

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